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© Copyright 2020 Armando Vega

La estrella de nieve se

   desvanece

El cambio climático es el sombrío compañero de decenas de miles de peregrinos hacia un antiguo glaciar tropical en los Andes peruanos

Fotos por Armando Vega

Texto de Amanda Magnani

Por la noche, el camino a las nieves sagradas del glaciar Qolque Punku, está iluminado por el reflejo de la luna llena. Durante siglos, peregrinos de grupos indígenas en la Cordillera de los Andes han hecho el viaje a través del Valle de Sinakara para buscar las bendiciones del Señor de Qoyllur Rit’i. Traducido del quechua como "la estrella de nieve", en los últimos años, su brillo se ha atenuado debido al derretimiento de los glaciares causado por el cambio climático. Desde 2017, el fotógrafo Armando Vega ha estado documentando los ritos de Qoyllur Rit’i, años en los que él y otros peregrinos han sido testigos del retroceso aparentemente inexorable del glaciar.

 

La historia de la peregrinación al Santuario del Señor de Qoyllur Rit’i involucra el patrimonio cultural precolombino y católico. Los bailes, las canciones y las oraciones ofrecidas a las deidades mezclan español y quechua, una expresión de sincretismo religioso. Los peregrinos hacen el viaje al glaciar para agradecerle y honrar a las estrellas, la temporada de cosecha y a Jesucristo.

 

Richart Aybar Quispe Soto, de 49 años, es miembro de la nación Tahuantinsuyo, heredero e intérprete de las tradiciones religiosas andinas que se remontan a los días de los incas, y ha participado en la peregrinación durante más de 35 años como Pablo, un danzante que actúa como guardián del nevado. "Cuando vas a Qoyllur Rit’i, estás en un espacio diferente", dijo Aybar Quispe. "Llegas allí y te transformas. Voy allí para estar en la nieve, para estar cerca de las estrellas, para estar cerca de la luna. Voy allí para ver el primer rayo de sol al amanecer, esperar con gran devoción y volver purificado. Allá arriba, renacemos”.

Considerado el festival religioso más grande de los Andes, atrae entre 90,000 y 100,000 devotos al santuario, según la UNESCO. Hay más de 60,000 bailarines, y de 30,000 a 40,000 peregrinos y visitantes que los acompañan. Durante cuatro días, los creyentes bailan y rezan toda la noche, sin interrupciones, indiferentes al cansancio y al frío húmedo del amanecer.

 

Más que un simple elemento de la naturaleza, para los devotos de Qoyllur Rit’i, el glaciar Qolque Punku es sagrado. Como Aybar Quispe describió la caminata hacia el glaciar: “Cuando subí hace años, no necesitábamos, como hoy, linternas para encontrar el camino. Teníamos suficiente luz del glaciar. Cuando llegamos allí por la noche, la luna comenzó a salir, la madre luna, y poco a poco el área parecía como si fuera de día. Era como el cielo; fue un sueño."

 

Debido al calentamiento global, el glaciar y, por lo tanto, los rituales que lo acompañan, están cambiando. Platique con cualquier peregrino y escuchará sobre el tamaño imponente de los glaciares en el pasado. Mientras que hace décadas se podía ver el hielo cerca de la cruz de Kochapata, a solo 800 metros del santuario, hoy en día, los peregrinos deben caminar aproximadamente un kilómetro y medio desde el templo para tocar la nieve, a 5.000 metros sobre el nivel del mar.

 

Los Andes albergan el 99% de los glaciares tropicales del mundo, y el 70% de ellos se encuentran en Perú. La lluvia que alimenta a los glaciares cae durante el verano, cuando las altas temperaturas favorecen el derretimiento del hielo. La alarmante velocidad de desaparición de los casquetes polares sirve como medida del ritmo del calentamiento global. Según datos del Instituto Nacional de Investigación sobre Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), entre 1962 y 2016, Perú perdió el 57% de sus glaciares.

 

La cultura de las comunidades indígenas andinas en Perú está íntimamente ligada a su relación con la tierra. Su vida está guiada por el calendario lunar y los ciclos agrícolas. Según su cosmovisión heredada de los incas, las montañas, el sol, las estrellas, la luna, y en este caso, los glaciares, son sagrados.

 

Cada año, los peregrinos caminan al menos ocho kilómetros desde la ciudad de Mahuayani hasta el santuario Qoyllur Rit’i. Antes de que se construyeran carreteras en el área, el viaje era más largo; comenzó en ciudades como Urcos, ubicadas a unos 80 km del templo. Hasta el día de hoy, los peregrinos de la región de Q'eros, el grupo indígena cuya cultura se considera la menos afectada por el legado del colonialismo español y el sincretismo religioso del último medio milenio, recorren toda la ruta a pie, cruzando los Andes por dos días y medio. A lo largo del camino, los peregrinos de todo el país llevan todo lo que necesitan para la celebración de cuatro días, incluidos disfraces, instrumentos musicales, carpas y comida. Adultos, niños y ancianos caminan lado a lado, soportando temperaturas bajo cero e incluso, nevadas.

 

Cuando los peregrinos llegan al glaciar, reciben bendiciones para el año venidero. Ofrecen oraciones en quechua y mantienen la creencia de que la blancura de la nieve los acerca al cielo. O al menos así es como solía ser.

 

“No estamos perdiendo el terreno que pisamos. Estamos perdiendo a nuestra madre”, explicó Hélio Regalado, de 35 años, mientras estaba sentado en un bar en Paucartambo. Él es de Argentina y ha participado en la peregrinación durante diez años como danzante Wayri Chunchu. Al hablar sobre cómo se veían los glaciares en el pasado, los peregrinos de Qoyllur Rit’i hablan con voces de tristeza. Como explicó José Isaac Quispe Peralta, de 21 años, “Describir cómo solía ser el glaciar es como tratar de explicar los colores a un ciego. Es imposible." Peralta es un Pablo de la nación Tahuantinsuyo e hijo de Aybar Quispe. Lamenta un futuro en el que sus hijos y nietos ya no presenciarán la ceremonia en el glaciar.

 

En el sitio del glaciar, la blancura es cada vez más escasa y la grandeza de las montañas se convierte en pura vulnerabilidad. Si compara las fotografías tomadas en la década de 1930 por Martín Chambi con el estado actual del glaciar, las montañas parecen desnudas.

 

Históricamente, una de las tradiciones más importantes durante la peregrinación consistía en cortar grandes bloques de hielo que los Pablitos luego llevarían a la montaña sobre sus espaldas. El hielo, sagrado y bendito, se dividía entre los peregrinos que lo llevaban a casa para proporcionar protección divina durante el año.

 

En 2004, debido a problemas relacionados con el cambio climático, el Consejo de Naciones de la Hermandad del Señor de Qoyllur Rit’i tomó la decisión de dejar de cortar el hielo. Como explicó Norberto Vega Cutipa, de 59 años, presidente del consejo, “Muchos han llorado. Se echaron a llorar, porque era una tradición de cientos de años, pero tuvimos que tomar la decisión de detenernos”. En cuanto a Aybar Quispe, lamenta que su hijo nunca será bautizado en la nieve como él, y agrega: "Si el glaciar desapareciera, no perdería mi fe si no pudiera ir a Qoyllur Rit'i, pero estaría desconsolado. Una parte de mí desaparecería.”

© 2021 Armando Vega